Con motivo del Día Mundial del Agua, el Global Cities Hub (GCH), en colaboración con ONU-Hábitat, coorganizó el 23 de marzo de 2026 un Debate Urbano en Ginebra sobre “Liderazgo local para la resiliencia hídrica”. El acto brindó la oportunidad de intercambiar experiencias prácticas y reflexionar sobre la gobernanza mundial del agua, con especial atención al caso de Ciudad del Cabo (Sudáfrica) y a la próxima Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua (2-4 de diciembre de 2026, Abu Dhabi).
Apertura del debate, Graham Alabaster, Jefe de la Oficina de ONU-Hábitat en Ginebra, El informe de la Comisión Europea sobre la gestión sostenible del agua destacó la magnitud y complejidad de los retos a los que se enfrentan las ciudades para garantizar una gestión sostenible del agua. Con 70% de la población mundial que se espera que viva en zonas urbanas en 2050 (y 60% de futuras infraestructuras urbanas aún por construir), las ciudades deben actualizar simultáneamente los sistemas existentes y planificar una expansión sin precedentes. Los principales retos son la insuficiencia y el envejecimiento de las infraestructuras, el aumento de la demanda de agua y la creciente contaminación del agua, todo ello agravado por la rápida urbanización y el cambio climático.
Graham Alabaster subrayó que la gestión de la demanda será cada vez más crítica a medida que se intensifique la escasez de agua. Las soluciones basadas en la naturaleza, como la restauración de humedales o las superficies urbanas permeables, ofrecen vías prometedoras para aumentar la resiliencia, sobre todo para mitigar las inundaciones y almacenar agua. Sin embargo, su éxito depende de enfoques integrados y multisectoriales que vayan más allá de la mera gestión del agua e incluyan la planificación urbana, la sanidad y las políticas de uso del suelo. En este sentido, los gobiernos locales están en una posición única para impulsar la aplicación. Para concluir, Graham Alabaster señaló que la innovación también está reconfigurando el sector. Las nuevas tecnologías de control permiten ahora a las ciudades rastrear contaminantes que antes eran indetectables, mientras que las herramientas emergentes (como las aplicaciones de computación cuántica) pueden ayudar a identificar fugas en los sistemas de distribución de agua (un proyecto de ONU-Hábitat se está llevando a cabo actualmente en Ciudad de México).
La experiencia de Ciudad del Cabo ilustró de forma concreta tanto los riesgos como las soluciones asociadas a la gestión del agua urbana. Concejal Zahid Badroodien, Miembro del Comité de Alcaldía para el Agua de la ciudad de Ciudad del Cabo, reflexionó sobre la crisis de casi “Día Cero” de la ciudad en 2018, cuando los niveles de la presa cayeron por debajo de 20% y las estrictas restricciones de agua limitaron el consumo a 50 litros por persona al día (en comparación con alrededor de 180 litros por persona al día en otros momentos ). Una lección clave de esta crisis fue el papel decisivo de la comunicación y el compromiso público. El propio término “Día Cero” resultó decisivo para concienciar y movilizar a los residentes, que finalmente redujeron el consumo de agua en más de 50%. La comunicación transparente y continua (como las actualizaciones públicas semanales sobre los niveles de las presas) ayudó a generar confianza y fomentó el cambio de comportamiento.
En la actualidad, Ciudad del Cabo se enfrenta de nuevo a los primeros signos de sequía, lo que pone de manifiesto la necesidad de mantener la vigilancia. Desde entonces, la ciudad ha desarrollado un ambicioso “Nuevo Programa del Agua” que pretende diversificar las fuentes de agua y añadir 300 millones de litros de agua al suministro diario de Ciudad del Cabo a partir de 2030. Aunque 98% de su suministro proceden actualmente de aguas superficiales (embalses), el objetivo es reducirlo a 75% en 2040, y que las 25% restantes procedan de aguas subterráneas, desalinización y reutilización del agua. Ya hay varios proyectos en marcha. Entre ellos figuran la eliminación a gran escala de especies vegetales invasoras para mejorar la eficiencia de la captación de agua, la ampliación de la extracción de aguas subterráneas de los principales acuíferos, el desarrollo de uno de los mayores planes de reutilización de agua de África y la creación de nueva capacidad de desalinización. En conjunto, estas medidas pretenden aumentar significativamente la disponibilidad de agua y reducir la vulnerabilidad a la variabilidad climática.
Reflexionando sobre las lecciones para los alcaldes que se enfrentan a retos similares, el concejal Zahid Badroodien hizo hincapié en varios principios básicos de gobernanza: actuar con prontitud, ya que las respuestas tardías tienden a ser más complejas y costosas; generar confianza tratando a las comunidades como socios y manteniendo la transparencia; diversificar las fuentes de agua, reconociendo que la dependencia de las precipitaciones por sí sola es insuficiente; e institucionalizar la gestión del agua, integrando la resiliencia en las estructuras de gobernanza, los presupuestos y los marcos políticos. La financiación sigue siendo una limitación fundamental, que suele abordarse mediante una combinación de ingresos municipales, préstamos de bancos de desarrollo y una creciente dependencia de las asociaciones público-privadas, al tiempo que se preserva la propiedad pública de las infraestructuras críticas.
De cara al futuro, el debate se centró en el ámbito mundial, con aportaciones de Fabrice Fretz, jefe adjunto de la sección de agua de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación. Destacó que, a pesar de su importancia fundamental, la gobernanza del agua sigue estando fragmentada a nivel internacional, sin que exista un único organismo de la ONU que lidere la cuestión y con muchas entidades implicadas (ONU-Agua es sólo un mecanismo de coordinación). El sitio Conferencia de la ONU sobre el Agua 2026 tiene como objetivo aprovechar el impulso de la conferencia de 2023 para dar más visibilidad política al agua y ofrecer compromisos factibles y cuantificables para acelerar el progreso en el Objetivo de Desarrollo Sostenible 6 (garantizar el acceso al agua y al saneamiento para todos). Más allá de los resultados inmediatos, existe un creciente interés por establecer un marco global más estructurado para la gobernanza del agua, potencialmente inspirado en modelos no vinculantes existentes como el Marco de Sendai, en el que los gobiernos y las partes interesadas podrían comprometerse voluntariamente, pero dentro de una estructura reconocida de la ONU.
Reflexionando sobre el papel de las ciudades en la gobernanza mundial del agua, Fabrice Fretz destacó la oportunidad que brinda la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua de 2026, que se estructurará en torno a seis diálogos interactivos. Uno de ellos, titulado “Agua para las personas”, estará copresidido por Suiza y Ghana.
Dado el papel central de las ciudades en la gestión del agua, subrayó la importancia de garantizar que los gobiernos locales y regionales participen activamente en estos debates, señalando que “los compromisos nacionales sólo tienen sentido si se traducen en vías de aplicación claras y dotadas de recursos a nivel local.” En este contexto, Fabrice Fretz invitó al Consejero Badroodien, así como a otros gobiernos locales y regionales interesados, a participar en el diálogo. Subrayó que el avance de la resiliencia hídrica depende en última instancia de una gobernanza eficaz a todos los niveles, desde los marcos globales hasta la implementación local.
Al final del debate, se invitó a ONU-Hábitat a reflexionar sobre la acción prioritaria que las ciudades deberían llevar a cabo en los próximos cinco años para reforzar la resiliencia del agua urbana. Graham Alabaster hizo hincapié en la necesidad de dar prioridad a la prestación de servicios a las poblaciones más vulnerables, señalando que el acceso inclusivo al agua y al saneamiento es un requisito previo para la prosperidad y el crecimiento urbanos en general. Esto es especialmente crítico en las grandes ciudades, donde una parte significativa de la mano de obra trabaja en el sector informal y depende de unos servicios básicos fiables.
Mientras las ciudades siguen afrontando los crecientes retos del agua, el debate subrayó un mensaje claro: ya existen soluciones, pero su éxito depende de la voluntad política, la gobernanza integradora y la inversión sostenida a nivel local. Desde la experiencia de Ciudad del Cabo hasta los debates mundiales en curso, el empoderamiento de las ciudades, al tiempo que se refuerza el vínculo entre los compromisos internacionales y la aplicación local, será fundamental para lograr la resiliencia hídrica. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua de 2026 representa una oportunidad clave para traducir este impulso en acciones concretas, garantizando que ninguna ciudad ni comunidad se quede atrás.
